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Ilustración para STIR Spring Issue

Commons, cultura libre, decrecimiento, ecología, economía social, ilustración, movimientos asociativos, procomún, territorio y patrimonio

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Está al salir la edición de primavera de STIR TO ACTION con mi nueva ilustración para uno de los más sugerentes artículos que la revista haya publicado. En él se cuenta cómo muchos pueblos abandonados de Europa (y centra su atención en la localidad de Barxa, Galicia) son objeto de procesos miopes que valoran el campo en términos exclusivamente monetarios del progreso, olvidando cualquier forma posible de conexión entre la naturaleza y el desarrollo de la actividad humana. Puro Thoreau, pero con casas rurales franquiciadas de por medio.

What’s dying is that ancient network in which people ensured their neighbours survived in hard times. What’s dying is people’s connection to the land, that lifeline that makes possible a profound relationship between humans and nature.

Además, el autor apuesta por el término rewild – reasalvajar- no sólo como motor para restaurar una zona en base a sus orígenes, sino a su mantenimiento según códigos respetuosos con la ecología y con la propia humanidad. ¿Cómo? (Re)cultivando economías y ecologías salvajes capaces de transformar las acciones más cotidianas y desafiar así a las estructuras políticas globales, esas que asfixian cualquier posibilidad de cambio.

En definitiva, tanto el texto como la ilustración participan en la búsqueda de esa vía que refleje las pautas del orden natural hacia nuestro día a día. Como en una sutil simetría, para entendernos. Por cierto, que a los editores les ha gustado tanto que va de portada, así que ahí va mi más esplendoroso agradecimiento.

Third collaboration for STIR
Opción B y boceto para 3ª colaboración en STIR

Aprovecho esta entrada para recordar mis dos colaboraciones anteriores: la ilustración para una entrevista a Simon Critchley incluida después en el primer libro editado por STIR en 2012, y la portada para el número de la revista del verano pasado. Espero que os gusten.

Simon Critchley Interview

portada STIR verano 2013

Volos, con la música a otra parte

economía social, movimientos asociativos, territorio y patrimonio

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La música como el fundamento central del Estado” fue la máxima con la que Gabriel D’Annunzio declaró la Constitucion de Fiume. La historia de esta ocupación luce como una de las más apasionantes y controvertidas del siglo pasado, cuando el poeta, artista, esteta y mago negro italiano irrumpió, ávido de más proezas tras su paso por la Primera Guerra Mundial junto a su ejército de militares de bajo rango, los “Arditi”, en la ciudad yugoslava de Fiume. Para sorpresa del General, su gesta no impresionó al Primer Ministro de Italia, así que despechado, decidió quedarse y disfrutar de los placeres de su conquista. Durante 18 meses de fiestas interminables en la ciudad, que llegó a tener moneda propia y fue reclamo de bohemios, budistas, homosexuales, teósofos y vedantistas, hubo que esperar al ascenso de Mussolini en el poder para que el Estado libre de Fiume fuese finalmente bombardeado por sus tropas fascistas en 1922. Resulta irónico, pero parece que D’Annunzio conseguía por fin la atención que reclamaba y sólo así llegaríamos a conocer el fin de su hazaña, que serviría de inspiración para los planes del propio Duce. Aunque ni la historia del General acabó ahí, ni esta entrada en el blog es sobre música, si apartamos el componente ideológico comprobaremos que ciertos paralelismos dan pie a la siguiente crónica en la que resuenan vientos de cambio a orillas del Mediterráneo.

Entre Atenas y Salónica está la ciudad portuaria de Volos, capital de Magnesia. Hace unos días la BBC se hacía eco de lo que parecía una anécdota según la cual por iniciativa popular, gran parte de sus habitantes constituían una creciente comunidad que deja atrás el uso del euro y retoma el trueque además de introducir una moneda alternativa y del mismo valor, el TEM, acrónimo en griego de Unidad Local Alternativa. Sus defensores argumentan que una moneda de uso local incentivará el consumo de servicios y productos locales además de limitar el poder de los bancos y las multinacionales. La ciudad, que conoció su apogeo a lo largo del alborotado siglo XX, ya estuvo relacionada entonces con varios movimientos sociales, como la enseñanza temprana del griego demótico (la “lengua del pueblo”), cuando Katharevousa hizo la versión sancionada oficialmente. Está claro que no es la primera vez que Volos se hace oir desde que Jasón partiera de su puerto con su selecta tripulación de argonautas.

TEM

Hoy son todo incógnitas y ha llovido demasiado sobre el sur de la Eurozona, pero antes de que cualquier ejército ponga punto y final a esta singular decisión por subversiva, anarquista y desestabilizadora, conviene saber que surgen voces escépticas y que las iniciativas para abandonar la moneda única forman parte ya de concursos que incluso cuentan con el beneplácito de la alta burguesía europea. ¿Será cierto que la contracultura es la nueva cultura? En ese caso habrá que volver a empezar, no desfallezcamos si hemos llegado hasta aquí porque contamos con alguna ventaja a nuestro favor: actualmente sabemos que jamás pudimos estudiar la historia de Europa en los libros de texto, ni la encontraremos en las hemerotecas porque todo apunta a que Europa nunca ha existido más allá de la psicogeografía de unos locos utópicos. Y a pesar del dolor que supone darnos cuenta ahora, cuando despertamos a golpe de efecto austero y con la única Unión de una troica amenazante, aún hay quienes resisten y se reorganizan desde el mismísimo Averno.

Son días extraños y aparentemente diferentes a aquéllos del Fiume de entreguerras. Es probable que en las plazas de Volos hoy no celebren nada con fiestas eternas o fuegos artificiales… pero en esta ocasión tal vez debamos estar pendientes, afinar los oídos y dejar que la música suene, a ver a dónde nos lleva.

Invertir en cultura: por una Ley de Mecenazgo abierta a micromecenazgos

comunicación cultural, crowdfunding, cultura libre, economía social, financiación, innovación, ley de mecenazgo, nuevos modelos de negocio, Políticas Culturales, procomún

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Arden las redes sociales desde que el nuevo Ministro de Cultura (y Educación y Deporte), José Ignacio Wert, anunciara esta mañana que será el 2 de febrero cuando saque a relucir la Ley de Mecenazgo, tan ansiada por unos como inquietante para otros. Tras los vaivenes acerca de dar o no continuidad a la Ley Sinde y contentar a los lobbies norteamericanos, cambia ahora el caballo de batalla del Ministerio. ¿Por qué tanto revuelo? Para empezar, supone abrir una vía de financiación casi virgen en el Estado español. Parece que en EE.UU. funciona, allí lo que donas a una organización sin ánimo de lucro revierte positivamente de manera que puedes desgravártelo de los impuestos. La mecánica parece interesante, y se trata de un sistema de democracia directa; tú decides qué quieres apoyar. Pero desde la comparecencia de Wert las dudas acechan, ¿será una ley que establezca incentivos fiscales sólo para los grandes acontecimientos “de excepcional interés público” o para todos los proyectos culturales que tengan interés social?

Basta un repaso no demasiado exhaustivo por otros diarios online para descubrir que el fin de esta Ley no es otro que constatar la apuesta por el modelo anglosajón en cultura, lo hemos debatido anteriormente en este blog. Si no hay recursos, como nos quieren hacer ver, la cultura no iba a ser excepción en este proceso de desarme de la res publica. En sintonía con José Guirao, presidente de La Casa Encendida, pienso que cualquier cambio de modelo – y más cuando se legisla al respecto – ha de acompañarse de un proceso de sensibilización y debate que saque a la luz las ventajas y desventajas de, en este caso, invertir en cultura. ¿Suena utópico? Tal vez, pero cuando las grandes instituciones y los más poderosos patrocinadores se unen y hablan de “favorecer la participación de la sociedad en la cultura” uno ya ha vivido lo suficiente como para seguir dudando de cuanto le rodea. ¿De veras habrá espacio para todos los agentes sociales… o se trata de otra perversión del lenguaje para indicar que será una nueva alternativa de derivar fondos públicos y control mediático hacia el sector privado? Da la sensación de que será una Ley que beneficiará exclusivamente a los grandes patrocinadores. Nunca tuve tantas ganas de sentir que me estaba equivocando.

El micromecenazgo o crowdfunding irrumpe en escena

Llegados a este punto voy a hacer caso a dos de mis asiduas y vamos a hablar sobre crowdfunding con la boca abierta, que nadie nos oye. Estoy seguro de que la mayoría de vosotros conoce el término, pero por si acaso, apuntaré que el crowdfunding o financiación colectiva supone un modo emergente de financiación e incluso de “mecenazgo digital” en la web 2.0 susceptible de recompensa o contrapartida según el dinero invertido. A pesar de que desde el año pasado la popularidad del término aumentaba en todos los blogs de tecnología, cultura libre y economía social, el concepto deriva del crowdsourcing y tiene en Kickstarter un ejemplo pionero. A mi modo de ver lo más innovador de este sistema es que me permitiría actuar como participante y coproductor de los proyectos culturales que verdaderamente me interesan.

Así es, este sistema disfruta de cierto grado de aceptación porque consigue una nueva forma de asociacionismo cultural creando vínculos entre el consumidor y el fundador o promotor de un proyecto (por eso se llaman proyectos “bottom-up”) hasta forjar una verdadera comunidad y ser un vehículo incontestable de difusión del procomún* y de cualquier otro tipo de proceso de gestión colectiva de recursos. Y aunque puede plantear numerosas suspicacias en su modo de operar (¿Cómo ganarse la confianza de esos fans/microinversores antes siquiera de haber producido la obra? ¿Qué infraestructuras necesito como creador para además, transmitir transparencia y otorgar verdadera democracia al permitir que el público opine y aporte ideas y opiniones a mi obra? ¿Cómo dar visibilidad a mi proyecto?), ahí va un ejemplo que tal vez pueda servir para disipar dudas: desde diciembre de 2011 participo en la iniciativa #bookcamping a través de Goteo.org y desde entonces no han dejado de informarme sobre el estado de la financiación y demás objetivos que se traen entre manos. Transparencia y vértigo desde la Red, no esperaba menos.

Entonces, ¿Micromecenazgo digital contra Ley de Mecenazgo? Esperemos a saber qué ocurre el 2 de febrero. Estamos ante una nueva oportunidad para el sector cultural. Tal es así que si estas iniciativas de crowdfunding viniesen también de la mano de algún tipo de facilidad institucional que garantizase su funcionamiento, gozarían de una aceptación aún más rápida. No en vano, estamos ante un fenómeno que sustituiría también cierta labor casi exclusiva hasta ahora de los bancos y dejaría fluir la voluntad y el empoderamiento del público cuando hablamos de financiación, producción y consumo en el sector cultural. Así que si a esta coyuntura le sumásemos una Ley de Patrocinio y Mecenazgo abierta al público además de a las grandes corporaciones e instituciones consolidadas, ¿no serviría acaso para estimular la confianza en el sector e implicar realmente al usuario -público, consumidor, llamémosle como queramos- ? No sólo estamos ante una nueva propuesta de financiación, sino que parece que además conlleva un cambio de mentalidad.

*Crowdfunding y procomún en la Red

Olivier Schulbaum, de Platoniq, nos habla de crowdfunding para #masacritica y CCCBLab

El crowdfunding como caballo de Troya del procomún, según miembros de Goteo.org para CCCBLab

Periodismo, servicio público y ciudadanía en la Red neutral. Pau Llop en la presentación de Goteo.org. 4/11/2011

Algunas plataformas de crowdfunding en España

Goteo

Verkami

Lanzanos

Injoinet

Fandyu

Culture & Access Commons: recursos y derechos educativos, sociales y culturales

Commons, Creative Commons, cultura libre, economía social, Políticas Culturales, procomún

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Quería aprovechar un tweet de mis contactos publicado hace unos días que coqueteaba con el rumor de la inminente desaparición del Ministerio de Cultura. De resultar cierta la idea y consumarse en un futuro próximo, España dejaría de lado definitivamente el modelo tradicional francés de política cultural en el que el Estado actúa como garante y gestor de sus instituciones, para optar por una visión más anglosajona y por ello más economicista y empresarial de la política, cediendo las “competencias” a las Comunidades Autónomas. Bajo esta aparentemente inofensiva medida subyacería una sutil aunque depredadora estrategia que avalaría las políticas neoliberales de casi todas las autonomías del Estado.

Esto me lleva a posicionarme porque pienso que el objetivo de la política cultural nunca debiera ser el de valorar económicamente sus recursos. Parece que nos hemos acostumbrado a ver cómo se fijan indicadores para explotar la creatividad y las ideas al amparo de los últimos Gobiernos con las leyes y releyes sobre propiedad intelectual o la regulación de la red y otras formas de expresión e información. ¿Tan mal se ha promocionado el propio sector cultural que esos han sido los ámbitos de actuación más sonados? Lo que está claro es que hay a quien no le conviene investigar en las posibilidades del acceso libre a la cultura porque entre otros motivos, seguramente ni las propias autoridades entiendan o sean capaces de defender el propio significado del término a lo largo de la historia y según la disciplina que lo aborde. De todos modos y como apuntaba, me resigno a valorar y categorizar la cultura como un sector económico más, ligado a un mercado “cultural” derivado de la progresiva externalización de competencias públicas. Alarmas aparte, aprovecharé que todavía no ha culminado ningún proceso y como siempre que se cierne la oscuridad, lo importante es entender los por qués y encontrar el modo de apoyar cualquier atisbo de resistencia.

Efectivamente, el primer paso es tomar conciencia de que hoy cualquier discurso sobre cultura y sociedad no puede disociarse del de democracia y política pública. A mi modo de entender, la corriente dominante nos quiere convencer de que no hay tiempo ni recursos para dedicarlo a patrimonio, artes y cualquier otro medio de transmisión cultural o de conocimiento, y de hecho se trata de un ámbito cada vez más alejado de prioridades para propuestas de intervención pública.. como ocurre con la Educación, la Sanidad o el Medioambiente. Y es en este punto donde quiero recoger la idea del procomún(1) y su aplicación a la cultura mediante los Culture Commons a propuesta de Bill Ivey, o a los recursos sociales mediante los Access Commons. El origen de estos términos y su explicación son bien sencillos una vez hemos comprendido y asimilado sus aplicaciones, como la misma Wikipedia o las licencias Creative Commons.

Tal vez convenga recordar que hace ya mucho tiempo que se trabaja en un flujo regenerativo de la obsoleta cadena de producción fordista, y que probablemente las prácticas culturales hayan sido pioneras en abrazar esta transformación. ¿Qué quiere decir esto? Básicamente y además de otras bondades, que vivimos un nuevo paradigma en el que el ciclo consiste en producir, usar y compartir para distribuir más equitativamente costes y beneficios con recursos (¿o derechos?) que nunca debieran ser tratados como meros bienes comerciales. En cualquier caso, el objetivo último siempre sería participar y fomentar una sociedad sostenible a través de las 5 Áreas del Procomún:

1. Food Commons, 2. Energy Commons, 3. Thing Commons

El aire, las hierbas medicinales, la noche, el silencio, el agua, la biodiversidad.. Estas tres áreas del procomún parecen proveer las necesidades vitales desde el punto de vista físiológico del ser humano, entre otras.

4. Culture Commons

Para permitir al ser humano expresarse, comunicarse y hacer uso de la memoria. Resulta interesante descubrir que de aquí surgen las licencias Creative Commons.

5. …y Access Commons

Para permitir el acceso a la medicina, la educación, la libre expresión y los recursos sociales. Encontramos:

Centrándonos en estos dos últimos Commons, vemos que coinciden con los ámbitos de los que hablábamos como susceptibles de ser arrebatados, “olvidados” o, directamente, vendidos estos días. Tradicionalmente, en la antigua y categórica pirámide de Maslow, eran los que ocupaban la cumbre del sistema. Parece que alguien sigue creyendo en esta forma de representación y no piensa detenerse hasta ganar la carrera por acaparar la base, su cimiento. Aunque está visto que también los hay quienes han empezado por abajo: ¿a alguien le suena la mercantilización y privatización del Canal de Isabel II de Madrid?

Igual que podemos trabajar con Flickr (un momento… ¿otra empresa privada para gestionar procomún?) o intercambiar diseños arquitectónicos, ilustraciones científicas, software, canciones, blogs, webs y novelas que se adaptan a los parámetros de Creative Commons, también hay quien investiga y lucha por abrir las patentes farmaceúticas, publicar los últimos descubrimientos del genoma humano o dar a conocer los niveles de toxicidad de ciertos medicamentos al margen de los intereses privados. Y ya no hace falta ser un erudito para comprender esta dinámica cuando son ya más de 53 países en los que se adaptan también las licencias CC a las leyes nacionales para promocionar nuevas formas de producir, compartir y distribuir trabajos creativos, ¿sabes si está el tuyo en la lista? Si la información sigue siendo el poder y ha tardado tanto en circular entre nosotros, no estaría de más expandir este horizonte, disfrutarlo y velar por su defensa en caso de que surjan tentáculos reguladores con hambre de latente e insaciable discurso monetario.

(1) Este jueves 29 de septiembre se presentaba 15M.cc en el Laboratorio del Procomún de Medialab-Prado, a cargo de Antonio Lafuente, investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC) en el área de estudios de la ciencia.

Artículos, Bibliografía y recursos en Internet

Jaron Rowan en Diagonal, 19 de septiembre de 2011.

• Elinor Ostrom (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press.

creativecommons.org

onthecommons.org

• #procomún en Twitter