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Sobre el monstruo del armario

cine, cuir, cultura popular, género, LGTB, movimientos sociales, terror

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“La mayoría de los monstruos del género de terror son instersticiales y/o contradictorios…” Noel Carroll

Que se lo digan a Buffy, a van Helsing o a Sookie Stackhouse. Podrán inventar todo tipo de artilugios y artimañas para destruirlos pero siempre volverán de la tumba para repoblar nuestras ciudades, nuestras vidas, nuestros sueños…

Quien arriba suscribe tal vez sea uno de los mayores referentes contemporáneos en el ámbito de la filosofía del arte, y es seguro que vuelva a él en algún que otro post dedicado a mi género favorito. Pero lo que me interesa ahora son esas cualidades a las que se refiere y cómo esa impureza y esa transgresión de la naturaleza tanto tiene que ver con otro tipo de seres que habitan con arraigo en los armarios.

La idea no es mía, de lo contrario hubiese sentido la llamada del teclado y me habría hinchado a enumerar referentes, pero me parece un planteamiento tan apasionante que tenía que escribir al menos un post sobre este tema… otra vez. La idea fue de Harry M. Benshoff, quien en 1997 publicaba en Inglaterra “Monsters in the Closet: Homosexuality and the horror film”, volumen que trata de manera casi exclusiva hasta hoy la relación entre monstruos del celuloide y gente de carne y hueso queer. De un modo cronológico y consciente de los avances (y retrocesos) de este movimiento, el autor aporta esta original analogía repasando década a década desde los años clásicos de Hollywood hasta la era posmoderna insistiendo en cómo muchas veces se ha relacionado a los homosexuales con la pedofilia y el crimen en el cine, y cómo se ha llegado a asociar al colectivo con la muerte tras la irrupcion del sida. La conclusión es contundente: de esta manera cualquier miembro LGTB ha podido sentirse aparte, como un monstruo, culpable de enrarecer el ambiente, de romper las normas y alterar el orden social establecido.

¿¡Y cómo es posible, clamarán algunos, que el cine de terror refleje incluso cualquier problemática social de nuestro tiempo!? Pues de la manera más imaginativa y artística posible, aquí tenemos un magnífico ejemplo y espero adentrarme en el mundo de las pesadillas para volver con otros tantos y tan aplastantes como el que nos ocupa. Pero de momento frenaré mi pasión y suministraré datos, fechas, hechos… ¡que tengo a medio Infierno paralizado y a un 15% de la población sin respirar!

Así que vuelvo a Benshoff para revelar el plan de ataque secreto de los monstruos, que os aseguro que lo tienen. Sin olvidar que la sexualidad depende de muchos factores, recalca el autor citando a Freud y a Foucault, el cine, el arte y la literatura de terror han estado ligados al sexo de una u otra manera, y los monstruos han surgido con ánimo de pervertir tanto en el plano sociopolítico como psicosexual la pacífica y aparentemente sana sociedad heteronormativa… Imaginad/recordad a Dracula y su fuerte contenido bisexual liberando a Lucy de sus ataduras victorianas penetrándola con los colmillos, o repasad las inclinaciones lésbicas de Carmilla, de Le Fanu. ¿Alguien negaría la misoginia del Dr Frankenstein y el potente halo autosexual e intersexual que subyace en el aura de su monstruo? ¿Haría falta repasar a Dorian Gray y la dudosa actitud heteronormativa del Dr Jeckyll y Mr Hyde? Pues cada una de esas tendencias pasaron al cine y se adaptaron y evolucionaron según cada época hasta extremarse y brindarnos auténticos mitos (eróticos, sí) de la gran pantalla de manera más o menos evidente. Dudo que nadie reconozca los problemas de identidad sexual de Norman Bates en esos revolucionarios años 60… ¿O acaso pensabáis que los guiños queer de The Rocky Horror Picture Show eran producto de la casualidad? Pasándonos al lado más hardcore del asunto, siempre me han fascinado los cenobitas de Clive Barker, que no son sino el mejor reflejo de una noche por locales de s&m, bondage y demás delicias carnales al otro lado del río Styx. De hecho Pinhead sigue siendo un sex symbol. ¿Queréis que hablemos del vampiro Lestat? ¿Y quién me resuelve las infinitas perversiones sexuales que vemos en cada película de David Cronenberg? ¡Cuántos misterios! Benshoff ofrece ejemplos a paladas e indaga en cada uno de ellos sin dejar de establecer analogías con la historia más reciente del colectivo LGTB. Lo asombroso es que es realmente nadie está a salvo de convertirse o caer en las garras de un monstruo, y lo realmente inquietante es que hay quien piensa que se puede hacer algo para remediarlo.

Ha llovido mucho, y también en el cine y la televisión, desde 1997. Me encantaría saber qué pensaría Benshoff sobre Alta Tensión (2003), Hellbent (2004) o la reveladora True Blood de HBO y lo que viene llamándose Queer Horror desde hace unos años, porque pasando por alto la revitalización del pulp, la serie B y todo lo bizarro, él fue el primero en sacar este tema a la luz. Seguro que lo estará pasando en grande, dentro o fuera del armario.

“Indeed, the frequent resort to referring to monsters by means of pronouns like “It” and “Them” suggest that these creatures are not classifiable according to our standing categories.” Carroll

Cae la noche y me permito retomar algún tema autocensurado previamente. Al igual que vimos hace poco en District 9 (Neil Bloomkampf, 2009) en un código más de ciencia-ficción cómo se establecía la misma analogía pero en términos raciales hablando de “minorías” (aquí los zombis no caben) o de colectivos tradicionalmente menos favorecidos, creo que este libro demuestra de manera brillante cómo el cine de terror siempre ha sido un arma infalible para representar la sociedad contemporánea. Estoy seguro de que tal y como están las cosas, si estos seres existieran darían mucho menos miedo (o tal vez no…) del que nos quieren mostrar en la pantalla, y probablemente se unieran formando colectivos en defensa de sus propios derechos. Ahí radica uno de los éxitos de True Blood, pero ya hubo intentos previos: aunque haya envejecido mal, El Club de los Monstruos (Roy Ward Baker, 1981), o la sugerente aunque en mi opinión siempre en contínua necesidad de rehacer Razas de Noche (1990), también de Clive Barker, serían decisivos ejemplos. Así que para qué negar la evidencia una vez demostrado que existen. Ahora hay que darles la oportunidad de reivindicar sus derechos, sabemos que no van a tenerlo fácil.

Bibliografía

• Benshoff H. M., (1997). “Monsters in the Closet: Homosexuality and the Horror Film”. Manchester University Press.

• Filosofía del terror o paradojas del corazón. Noel Carroll. Editorial A. Machado Libros. Colección La Balsa de la Medusa, 2005.